Reseña de "La insoportable levedad del ser", Milan Kundera

Milan Kundera en su juventud estudió teoría musical y composición, más tarde estudiaría literatura y cine. En sus años de adulto joven estuvo involucrado con los movimientos políticos anticomunistas en su país natal, Checoslovaquia. Participó en lo que se conoce como “La primavera Checa”, momento de rebelión, de este país, contra el régimen comunista. Con la invasión militar de Rusia fue expulsado de su país, residiendo en Francia hasta 2019, año en el que su país le regresó su nacionalidad haciendo las paces con el escritor. Estas son algunas vivencias que definen el horizonte de comprensión de Kundera que junto con sus reflexiones filosóficas darán como resultado su obra más representativa La insoportable levedad del ser. 



El tema principal de la novela gira entorno a la contradicción entre levedad y pesadez. El autor empieza asociando el eterno retorno de Nietzsche y la pesadez. La analogía de Kundera explica que cuando las cosas se repiten interminablemente adquieren toda su dimensión y en cada momento recae la pesada carga de la responsabilidad. 

Por el contrario, cuando las cosas ocurren una sola vez, son fugaces y se vuelve difícil condenarlas. Al desaparecer empiezan a rodearse de nostalgia, están perdonadas porque no van a volver a ocurrir jamás de la misma forma y por eso mismo todo está permitido, esto sería la levedad. Sin embargo, cuando se elige la levedad todo lo que se haga resultará tan volátil como insignificante, mientras que la pesadez nos hace sentir que nuestra vida es real. 

La novela se desarrolla durante la primavera Checa y la invasión del régimen socialista ruso a este país. Kundera nos presenta a 4 personajes: Teresa, Tomás, Sabina y Franz. Cada uno de los personajes representará una forma distinta de vivir el vórtice caótico de la vida en aquellos años. Todos estarán, constantemente, debatiéndose entre la levedad y la pesadez.

 Tomás representará, más que ningún otro personaje, este debate. Él ha llevado una vida sin ataduras, dejando atrás a su exesposa, a su hijo y reacio a mantener una relación constante. Aboga por la libertad y evita las responsabilidades que implica una pareja formal. Al inicio de la novela, Tomás, duda entre dejar entrar a su vida a Teresa o alejarla para siempre. 

Teresa representará la pesadez, todo alrededor de ella es símbolo de ese peso: su mochila enorme, el gran libro que trae en la mano, su perro San Bernardo (Karenin). Teresa también trae consigo una de las cargas más pesadas del humano, su alma. La eterna lucha de Teresa es lograr que su cuerpo exprese por completo su alma, para así poder estar segura, por fin, de que su alma existe y de que es única. 

Es por ello que, para Tomás, aceptar a Teresa involucra un gran cambio en su forma de vida que, hasta ese entonces, había estado guiada por el desarraigo y la levedad. Al decidir abrirle la puerta a Teresa, decide también aceptar su propia alma y tener que lidiar con el peso que esto implica. El cambio no va a ser fácil para ninguno de los dos. 

Tomás intentará mantener ambas formas de vida, la que llevaba antes de que apareciera Teresa, al mismo tiempo que comparte su vida con ella. Seguirá frecuentando a sus amantes y aunque Teresa intentará no tener celos, su subconsciente estará continuamente atormentándola desde sus sueños. Para Teresa, que busca la unificación de su cuerpo y su alma, la sexualidad no puede separarse de sus sentimientos. Para ella el mayor terror es descubrir que no es única, que es sólo un cuerpo más. Que Tomás comparta su sexualidad con otras mujeres será una tortura constante para Teresa.

No es que Tomás no ame realmente a Teresa. Por el contrario, ella vendrá a ocupar por completo esa parte de memoria poética que registra el amor. Por lo que, al lastimar a Teresa, siente ese dolor en sí mismo. Tomás se encontrará en un gran debate entre defender el estilo de vida que llevaba hasta antes de conocer a Teresa o continuar con él a costa de lastimar a la persona que ama. 

Por otra parte, se encuentra Sabina la amante más especial para Tomás. Sabina, al contrario de Teresa, representará la levedad. Ella se desprenderá de todos los arraigos, de su familia, de su patria, del amor, de su historia. Kundera menciona que ella ha seguido el camino de la traición, que ha dejado atrás todas sus ataduras, motivada por el deseo de alejarse del kitsch. Sabina, desde temprana edad, identifica cómo las situaciones pueden romantizarse en exceso, pueden adornarse o idealizarse, creando un consenso común que al deformarse puede volverse dogmático y tiránico. A esto Kundera lo acuña bajo el término kitsch, cuyo resultado es la eliminación de todo aquello que resulta inaceptable, provocando la negación de la muerte. Sabina para combatir el kitsch en el que la vida intenta atraparla, evita generar un compromiso o una rutina dónde pueda ser encasillad. La solución de Sabina contra el kitsch es la levedad. 

Finalmente, Franz, un amante de Sabina, representará el idealismo del que se vale el kitsch. Franz en lugar de ver las cosas tal cual son, prefiere contarse una historia de las cosas, las idealiza y a partir de su contemplación adornada se motiva para soportar la realidad. Hasta cierto punto, Franz encarna al humano que, para evitar la angustia y el dolor de enfrentar la realidad, se deja arrastrar por las promesas seductoras del kitsch. 

A través de la novela, Kundera nos muestra las consecuencias de la forma de vida de cada uno de los personajes. La indecisión de Tomás, la eterna huida de Sabina, la fragilidad de Teresa y la ensoñación de Franz se conjuntan con la aleatoriedad de una vida sin sentido. Sin importar el camino que eligieron, todos comparten la soledad, el sufrimiento, la pérdida y el vacío. En este punto, el debate inicial sobre ¿Qué es lo positivo la levedad o la pesadez? llega a un callejón sin salida. Ninguno tiene la respuesta correcta. Y justamente este es el momento medular de la novela. 

Debo confesar que esta es la segunda vez que intento leer la novela. En el primer contacto que tuve con este libro me costó mucho trabajo seguir avanzando. Tuve que abandonar la lectura a la mitad del libro. No porque la narración o el léxico fuera complicado, sino porque leerla me provocaba un gran dolor, la novela señalaba una herida muy incómoda que no quería seguir explorando en aquel momento. 

El autor construye los personajes de manera que sea muy fácil identificarse con ellos, todos forman parte del ser humano actual. Es por eso que las consecuencias dolorosas de sus actos resuenan en nuestras propias heridas.  Hemos sido Teresa, aferrándonos a las emociones, luchando por rescatar nuestra alma sintiendo el dolor que ello implica. Hemos sido Tomás miedosos a la pesadez, miedosos ante el dolor, prefiriendo eliminar todo tipo de ataduras. Hemos sido Franz, dependientes de un ideal que pinte de colores más agradables la realidad. Nos hemos hartado de fingir, de adornar, de vender nuestra existencia como Sabina, y hemos huido traicionando nuestro pasado y a nosotros mismos. 

Ante esta revelación, es natural querer detener todo para sentarse a pensar qué deberíamos elegir a continuación. Sin embargo, la vida sigue su curso irrefrenable. En realidad, no importa cuando hayas llegado a esta revelación, siempre llegas tarde. 

“El hombre nunca puede saber que querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.”

“ ¿Qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma”


Si llegamos tarde para decidir, si cuando decidimos hacer pausa, la pausa ya ha terminado ¿no es demasiado incongruente preocuparse por la vida? Pareciera que sin importar que decidamos estamos condenados a una angustiosa incertidumbre existencial.

La novela parece quedar sin respuesta, pues ninguno de los cuatro personajes logra encontrar una solución amable. No obstante, el autor nos deja ver, muy sutilmente, su reflexión final con un quinto participante: Karenin, la perra San Bernardo de Teresa. Envuelta en una atmósfera similar a la de un haiku, el autor, nos deja algunas pistas para sobrellevar la existencia caótica.  Para Karenin la felicidad está en la rutina, en despertarse y repetir lo mismo todos los días. Karenin logra entender el tiempo de manera circular. Para Karenin no hay división entre el cuerpo y el alma. 

Estos pensamientos me recuerdan los mensajes similares que otros perros de la literatura nos han entregado, como el perro de Kafka u Orfeo el perro de Augusto en Niebla. Pareciera que el secreto para lograr que aflore lo mejor del ser humano está en la compasión que nace de su vínculo con los animales. 








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