Reseña de "Filosofía para Inconformes", Óscar de la Borbolla



Lo primero que pensé al leer Filosofía para inconformes fue que de haberlo leído a mis 18 años hubiera subrayado cosas muy distintas de las que, ahora, diez años después, quedé prendada en mi lectura. Entre las líneas de este libro hay preguntas inquietantes que aprietan heridas que sólo el tiempo puede revelar.

En este libro el autor, Óscar de la Borbolla, aborda temas como el tiempo, el dolor, la muerte, el amor, la demagogia y el sin sentido. A partir de un lenguaje corrosivo, el autor desarrolla puntos medulares en el sentir colectivo, aquellas interrogantes incómodas que han caracterizado a la sociedad posmoderna con desencanto, aburrimiento, falta de arraigo y vacío. 

El libro inicia con una declaración contra la humanidad, partiendo de la inconformidad característica de los jóvenes que recién se enteran de las atrocidades de la humanidad, pero unos años más tarde su misma rebeldía es el hilo de donde tira la sociedad para alienarlos. Al envejecer, esta rebeldía si no muere, se transforma en desencanto. La comprensión del tamaño de la perversidad humana, aunado a la revelación de que nos ha acompañado desde que nacimos y que, incluso, nosotros mismos la hemos perpetuamos resulta en el desengaño. Ante este sentimiento desesperanzador, el autor, expone la perspectiva que unifica y, quizás redime hasta cierto punto, a la humanidad: La contemplación ante la muerte. 

Esta reflexión vendrá acompañada por el Monólogo de la muerte, dónde el autor, se burla de la parafernalia mítica, religiosa y condescendiente que hemos construido alrededor de la finitud. 

Otro tema que aborda Óscar de la Borbolla es el caos. Entre aforismos y narraciones desarrolla la perturbante pregunta: ¿si el universo tiende al caos por qué seguimos intentando encontrarle un orden? Jugando con los significados científicos y estirándolos para volverlos filosóficos, nos conduce a la angustia del sin sentido de la vida que, como menciona el autor, se manifiesta en una futilidad total:
“un aburrimiento que borra toda diferencia entre las cosas y hunde en la vacuidad cualquier empeño”
Esa sensación de angustia existencial será la pieza clave en este libro, que a lo largo de las páginas irá devorando al dolor, al amor, a la juventud, al futuro, a la tecnología, a las masas justicieras, a la demagogia y hasta la misma filosofía.  

Finalmente, cuando la vida parece que se ha vuelto monótona y sin chiste el libro aborda la ontofobia: una combinación de misantropía, desencanto, concientización de la propia insignificancia y soledad. Cuando se ha reconocido el sin sentido de la vida y este nos ha rodeado en una asfixia paralizante, el autor cierra con una reflexión que, sin ser esperanzadora, al menos resulta alegre. Sólo podemos liberarnos de esta angustia en aquellos breves momentos de locura, de juego, de poca seriedad y de risa. Pero no cualquier risa...
“sino a la risa de regreso, a la risa final que vuelve de entrevistarse con la nada de la muerte, a la risa amarga, a la risa insatisfecha… pero principalmente la risa de quien tiene el valor de reír a solas”
Esta última propuesta me recuerda a aquel fragmento en Niebla, cuando Víctor Goti invitaba a Augusto a reírse de sí mismo para desbaratar su crisis existencial. Así podría terminar mi comentario sobre este magnífico libro, sentí entre sus páginas como si me encontrara escuchando una entretenida conversación entre Kundera, Unamuno y Borbolla. Muy seguramente a esta conversación estuvieron invitados otros tantos pensadores, de antemano me disculpo por mi poco conocimiento sobre el tema que no me permite todavía reconocerlos. Sin duda regresaré a este libro más adelante y tengo confianza en que podré identificar algunos otros de los invitados a esta conversación. 




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