Steins Gate, análisis
El espíritu construye el tiempo con ayuda de la razón (Kurisu), la madre del tiempo. Ambos hablan el mismo idioma. La razón inspira al espíritu para aventurarse en el tiempo. Y si el espíritu faltara, si se perdiera la memoria, la razón la buscaría sin descanso pues la necesita para poder explicarse el tiempo. Es por eso que el tiempo y la memoria son amantes.
Sin la razón, el espíritu no tendría memoria, pues no habría conciencia del paso del tiempo. Sin el espíritu, aunque fuera posible recordar, no habría voluntad. Sin el alma, aunque se tuviera consciencia del tiempo, no habría cordura. Nos hemos convencido de que la cordura reside en la estabilidad racional. Pero no es así, es cuando el alma muere que todos los argumentos racionales no alcanzan juntos para explicar nuestra existencia y se desata la locura.
Es el espíritu quien nos da la motivación para salvar y abrazar por completo nuestra alma, es el espíritu el que lucha para que no se la lleven.
La memoria no debe permitir que mueran su alma ni su espíritu. El espíritu no puede elegir entre las emociones o la razón. Una y otra vez la memoria regresará en el tiempo hasta que ambos, espíritu y alma, razón y emoción, coexistan en armonía. Pues de faltar alguno es inevitable el colapso universal.
Sólo cuando la razón logre que sus memorias sean emociones, sólo cuando el alma viaje a través del tiempo, se habrá alcanzado la puerta del destino, allí ya no será necesario regresar al pasado, se caminará hacia un futuro dónde las posibilidades son infinitas.
Se habrá alcanzado por fin el Steins Gate.
El psy Kongroo





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